martes, 23 de diciembre de 2014

Middle Age Freak: Recta final, compras de pánico (III)


Sobre Av. Revolución hay un anuncio de la cadena de librerías Gandhi, el cual, desde el primer momento que lo ví, me causó mucha gracias: sobre su ya emblemático fondo amarillo, pero con unos bordes rojos que marcan la silueta de un árbol de navidad, se puede leer lo siguiente; compras de pánico, de terror y hasta de suspenso.

 Como pasa con muchos anuncios de estas librerías, uno los encuentra simpáticos al principio, pero cuando llegamos al 20 de diciembre y nos damos cuenta de que no hemos comprado ni siquiera los regalos para nuestros familiares inmediatos, ya no digamos los amigos íntimos o aquellos con quienes nos interesa quedar bien, entonces vemos esta publicidad como una predicción del tipo que ignoramos año tras año.

 Y aquí, la palabra clave que domina la temporada es pánico.



Los días parecen durar menos (y no sólo por el efecto natural de la estación invernal) y las horas son como de 40 minutos cada una. Las filas en las cajas de tiendas y supermercados o las reservaciones en restaurantes parecen triplicarse, al igual que el tráfico en las calles. El dinero ganado rinde menos y el gastado fluye como agua.

Quienes siguen trabajando en estas fechas resiente mucho más las situaciones de estrés, tratando de cumplir una doble tanda de obligaciones; quienes ya han salido de vacaciones, casi al mismo tiempo que sus hijos, padecen la tensión que les provocan los niños; y los que ya salieron de vacaciones y no sufren mayores presiones hasta el año entrante, resienten la libertad que ahora tienen y que el mundo no pueda reducir su ritmo para igualar la velocidad de ellos.


Surgen los primeros grinch, que en este caso son personas quienes han pasado antes por estas presiones y han decidido dejar pasar la Navidad como una fecha más en el calendario, que no merece de parte de ellos más o menor atención que otras.

Son días caóticos que, ciertamente, consumen el espíritu de más de uno de nosotros, pero quienes pueden superar estas presiones logran ver la meta al final de la carrera. No hablo precisamente de la noche de Navidad o la cena familiar, sino el abrazo de la persona indicada en el momento propicio; la mirada de sorpresa cuando la persona a la que obsequiamos abre su regalo, que tanto esfuerzo nos costó encontrar; el placer de saborear  comida que no volverá a estar de temporada hasta el año que entra, y que en algunos casos nosotros mismos elaboramos; ser testigos, o mejor aún, ejecutantes de gestos de buena voluntad; y disfrutar al máximo cada uno de los últimos días del año que acaba.


Y quienes han corrido bien esta carrera, llegan al final con un sentimiento de satisfacción que borra todo el estrés, el cansancio y la presión de los días previos. Nos invita a la reflexión sobre lo conseguido y lo que queda pendiente; de lo que se ganó y se perdió; los que se fueron, se quedaron o apenas han llegado.

Y finalmente… el pánico queda en último plano.


Muchas felicidades a todos nuestros freaks de mediana edad, y en general a todos nuestros lectores, en estas fechas…
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