lunes, 22 de diciembre de 2014

Middle Age Freak: Continúa la carrera (II)…


Recuerdo mucho un programa que veía hace tiempo en el canal Gourmet, llamado Navidad con Dolli, donde la chef argentina Dolli Irigoyen presentaba recetas, manualidades y consejos de decoración, todo dirigido para obtener la mejor cena de navidad posible. No es que recuerde alguna receta o consejo en particular, sino que esta era una serie de diez emisiones que mostraban un minucioso y elaborado plan, el cual abarcaba los diez días previos a la Nochebuena.

Y lo único en que podía pensar al final de cada programa era; ¿quién podría tener el tiempo y la disposición para permitir que su vida girara, durante diez días, en la planeación de una cena de Navidad?

Esa es la palabra clave; planeación.

Cuando acaban las celebraciones religiosas del 12 de diciembre (adoradas por muchos y odiadas por todos los demás) ya estamos a pocos días de que empiecen las Posadas, los convivios con los amigos y compañeros de trabajo, las compras de regalos, los intercambios y finalmente la Nochebuena. Demasiadas actividades para tan pocos días que restan del año, sin considerar todavía la última semana previa a la celebración de año nuevo, cuando algunos gustan salir de vacaciones o de fiesta toda la noche.

Todo lo anterior es posible conseguirlo con la planeación adecuada: organizar una posada o reunión, con los amigos o en el trabajo; planear los gastos de fin de año, incluyendo al tan esperado aguinaldo; efectuar la última gran compra de despensa, arreglar la casa y seleccionar las recetas que prepararemos (o ayudaremos a cocinar) para la cena de Navidad o año nuevo. Además, la tecnología está de nuestra parte; podemos consultar en Internet precios de artículos, lugares para cenar o paquetes de viaje; organizar eventos o listas de regalos mediante aplicaciones en nuestra tablet o celular, ambientar las fiestas con música de nuestro reproductor mp3 o videos de You Tube, en fin, toda una serie de posibilidades para mejorar nuestra experiencia decembrina. Con esto, trazamos nuestros planes con el mayor detalle posible y, en papel, lucen sin posibilidad de error.


¿Qué sucede entonces? ¿Dónde está el error? ¿Por qué las cosas nunca salen como se planean o, en algunos casos, resultan de la peor manera posible? Quizá todo empieza cuando buscamos recuperarnos de la cruda del día 13; o cuando el aguinaldo se retrasa una semana o dos, para que finalmente resulte ser una cantidad menor a la esperada, prometiendo completarnos el resto en la primera quincena de enero; tal vez se deba a que no logramos juntar a los amigos o compañeros de trabajo en el mismo lugar, a la misma hora, o que nadie respete el límite de 50 pesos para el intercambio de regalos; quizá sea porque no leemos las letras pequeñas en ofertas de Internet, donde se nos indica que son válidas únicamente en ventas por línea o en los días pares, o no se nos respeta la reservación del hotel o de la mesa para la cena familiar; tal vez se deba a que pasamos más de cinco horas en los supermercados porque todos tuvieron la idea de ir en sábado; o quizá es porque la familia no se organiza bien y alguien olvida los tejocotes para el ponche, el pan de caja para la cena o, en casos extremos, rellenar el pavo o perforar la pierna de cerdo para que se cocine parejo.

Diez días para planear la Navidad, sí, como no.
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