martes, 18 de febrero de 2014

Los Otros 52, 27a Semana. "Ojo De T.O.T."

Hay un láser gigante escondido dentro de la luna

OJO DE T.O.T.

Ángel Zuare

La mayoría de las lunas que orbitan los planetas del sistema Hayllu fueron originalmente objetos capturados por la gravedad de alguno de los cinco mundos que lo conforman. De otros se cree que comenzaron su existencia como formaciones gaseosas que, al paso de millones de años, adquirieron masa y órbita alrededor del planeta. Incluso algunas religiones piensan que las lunas del tercer planeta del sistema fueron primeramente fragmentos de un cometa, atrapados por la fuerza de gravedad del astro, y que regresarán a formar parte del mismo cuando el cometa vuelva a pasar cerca del planeta, dentro de quinientos años aproximadamente.

Pero Killa, única luna de Hayllu, que a su vez es el único planeta civilizado dentro del sistema homónimo, tienen un origen muy diferente. Se conoce que surgió del choque de un planetoide pequeño contra la superficie de Killa, en una etapa joven de su formación. El impacto desprendió fragmentos de ambos cuerpos, los que finalmente formaron el satélite. Además se considera este evento como el punto de partida de varias teorías sobre el origen de la vida en Hayllu.

Sin embargo, lo único en lo que Pharon podía pensar en ese momento era en cuánto tiempo más debería esperar en esa habitación, con las manos esposadas tras el respaldo de la silla. Respiro pesadamente y echó la cabeza hacia atrás del respaldo, mientras imitaba con los labios el sonido de burbujas reventando. Luego de varios minutos dirigió su vista a la esfera de vigilancia en una esquina del techo de la habitación, y le guiñó coquetamente a quien lo estuviera observando en ese momento. Se puso de pie -agradeciendo en silencio que no le sujetaron los tobillos al asiento- y caminó alrededor de la mesa algunos minutos. Finalmente alguien entró por la puerta. Un hayllunio varón, vistiendo el distintivo traje de hombreras anchas y ribetes de las fuerzas policiales del planeta.


-Siéntese- ordenó el hayllunio y Pharon obedeció. El oficial se sentó frente a él. Era joven y sumamente delgado, incluso dentro de las características de su especie, distinguida por sus torsos y miembros largados y finos. Pero su expresión no revelaba ingenuidad o inexperiencia y, contrario a lo que el robusto comerciante esperaba, el oficial abordó directamente el tema: -¿Cómo lo hizo, Pharon? ¿Cómo logró inhabilitar el T.O.T.?

-No entiendo de qué me hablas, hijo- respondió el hombre. -¿Qué le ocurrió al láser?

-Es lo que quisiera que nos dijera, para que nuestros técnicos puedan darse una idea de cómo repararlo.

-Amigo, llevo casi tres días encerrado en esa linda celda que me dieron. No tengo idea de qué me estás hablando.

-Supongo que es una enorme coincidencia, entonces. Que usted, precisamente el líder del Gremio de Comerciantes, sea el único extranjero en tres meses que ha descendido a nuestra estación lunar aquí, en Killa, y ocurra este problema.

-Sé que la paranoia de los hayllunios hacia los extranjeros es legendaria. Para eso construyeron el T.O.T., ¿no? Para protegerse de invasiones y como último recurso de pacificación urbana en sus propias ciudades. Aunque si me preguntas, creo que construir un láser gigantesco bajo la superficie de la luna es un poco exagerado.

-Realmente no me interesa lo que usted considere exagerado en las acciones de nuestro régimen. Lo que quiero ahora es resolver su situación y repasar su declaración nuevamente. ¿Le parece si empezamos por ahí?

-Como guste, oficial...

*  *  *

“Hace algunos días, medidos en ciclos estándar, solicitaron al Gremio de Comerciantes que los ayudaran a localizar y traerles refacciones para el mantenimiento de un emisor láser de gran tamaño. Sin duda era para su T.O.T. Dada su oposición a que grandes cruceros de carga ingresen a su sistema, prefirieron confiar en nosotros. Yo mismo me ofrecí para hacerlo porque, primero, no estoy exento de cumplir mis cuotas con el Gremio. Y segundo, honestamente quería conocer su afamado láser de alta energía. Había leído de él y vi las transmisiones de noticias cuando lo presentaron a toda la galaxia.

“Pero reconozco que nada se compara a verlo en persona. Es un poco grotesca la imagen que proyecta, como si se tratara de un ojo medio cerrado del cual se asoma el cañón plateado de una pistola, apuntando hacia la superficie de su planeta. Dígame, la verdad: ¿Alguna vez lo han disparado en una situación que no fuera una prueba?

“Bueno, no importa. Cuando llegué a la órbita de Killa me indicaron que descendiera en una de las tres estaciones montadas alrededor del cañón principal. Claro, primero tuve que esperar a que sus escáneres revisaran mi nave remotamente y a que interrumpieran mis señales de transmisión, según ustedes para que no interfirieran con las enormes antenas que tienen en esas estaciones… Es curioso, he visto láseres de alta energía antes. A las Fuerzas Armadas les gustan mucho, pero nunca he visto uno que tuviera que ser monitoreado por tres estaciones como esta.

“El caso es que descendí en un hangar donde ya me estaban esperando. Sus oficiales me escoltaron lejos de mi nave, hacia un cuarto de aislamiento, mientras encargados del hangar vaciaban la carga. Por cierto, comprendo sus políticas de seguridad, las tienen en todas las ciudades de Hayllu, pero aun así dejaron mi zona de carga hecha un desorden, la verdad. En fin, recogieron las refacciones, liquidaron el contrato y finalmente me sacaron de la habitación para que me marchara de inmediato. Pero como les dije antes, la nave no despegó.

“No me veas con esa cara de incrédulo, hijo. Viste los reportes de los mecánicos de esta estación. La nave genuinamente se averió en sus sistemas de navegación interespacial y de transmisión. Literalmente no podía sacarla del hangar. ¿Qué querían que hiciera? ¿Qué llamara a un colega para que viniera a echarme una mano? El más cercano estaba a media semana de distancia. Y yo nunca viajo sin todas mis refacciones necesarias, podía encargarme de todas las reparaciones, pero me tomarían al menos un día, aun con ayuda. Bueno, a tu gente no le agradó mucho la idea, pero igualmente dejaron que me hiciera cargo de esto. Sacaron a todo el personal de ese hangar y literalmente me encerraron en él para trabajar en paz.

“Y sí, encontré los desperfectos y empecé a trabaja en ellos. Me estaba cayendo de sueño cuando terminé y me senté a cenar un poco de pasta que siempre llevo conmigo. Pensaba en dormir un par de horas, antes que el turno diurno del hangar llegara y me abrieran las compuertas para despegar. Fue entonces que lo vi…”

-El hombre de negro- interrumpió el hayllunio.

-No era negro ni estaba vestido de negro- aclaró el comerciante, inclinándose sobre la silla hasta donde lo permitían sus manos esposadas. –Me refiero a que parecía una sombra. Se movía entre ellas y lo pude distinguir apenas durante un segundo. Una luz se perfiló sobre la silueta de su cuerpo y pude ver el efecto de volumen sobre las sombras en un rincón del hangar. Sólo por un segundo, antes de perderlo de vista.

“Pudo más mi curiosidad, lo reconozco. Desenfundé mi arma y me acerqué a donde creí haberlo visto. No, no olvidé lo que ustedes piensan de los extranjeros armados en sus territorios, pero tampoco conocen las cosas que uno puede enfrentar en este oficio. Di vuelta alrededor de unas cajas y contenedores apilados en una esquina, pero no vi nada. Entonces me acerqué al rincón más oscuro del hangar. Avancé hasta que literalmente estaba dentro de la oscuridad. Y entonces esta saltó sobre mí. Me derribó al suelo y pude,… pues… no verla. Honestamente era como si un fragmento de la sombra hubiera adquirido forma humanoide para saltar sobre mí, sujetándome de los hombros. Sus brazos, piernas, su rostro no tenían ningún distintivo o expresión. Eran totalmente lisos y negros.

“Obviamente empecé a disparar. Todo está en sus grabaciones, ¿no? Desde que me acerqué hasta que empecé a dispararle hacia donde lo escuché correr, cuando las sirenas y luces de emergencia del hangar se activaron, haciéndome perderlo de vista. Reporté todo eso cuando ustedes llegaron, ¿y qué obtengo a cambio? Que me arrojen al piso, me esposen y me arrojen a una celda durante casi tres días, liberándome sólo para comer e interrogarme.”

Afuera de la habitación, sobre el pasillo, se escuchaban fuertes pasos marciales que se aproximaban rápidamente. El hayllunio los escuchó, pero Pharon también seguía hablando: -¿Qué le parece eso como ratificación de declaración? ¿Ahora qué tal si escucho la suya? ¿Qué era esa cosa del hangar?
-Hemos acabado aquí- dijo el oficial mientras se levantaba del asiento.

-¿Entonces me pueden quitar estas malditas cosas para regresar a mi nave y largarme de su preciosa luna?

- Será hasta concluir la investigación- el hayllunio dio media vuelta y se dirigió a la puerta.

-Pues vamos a concluirla de una vez. Abra la puerta, por favor. Creo que ya vienen.

El joven oficial se detuvo un momento y volteó a ver al comerciante. Finalmente abrió la puerta justo cuando dos figuras llegaban. Dos hayllunios, uno portando el uniforme genérico que lo identificaba como elemento de seguridad de la estación. El otro usando el traje más costoso y los ribetes más exagerados que cualquier hayllunio podría portar en su vida.

-Gran Regente…- susurró el oficial.

El aludido indicó al elemento de seguridad que liberara a Pharon de las esposas y luego se marchara de la habitación. El hayllunio obedeció y salió, cerrando la puerta tras de sí.

-Gran Regente…- volvió a decir el joven oficial. -¿Qué está…?

El Gran Regente de Hayllu, ignorando completamente al oficial, extendió sobre la mesa un documento digital con dos firmas electrónicas al pie. Pharon lo tomó y, con la punta de su índice, lo firmó antes de regresárselo.

-Ahora lárguese de mi estación- ordenó el Gran Regente, antes de dar media vuelta y dirigirse al oficial: –Lo quiero fuera en diez minutos. Asegúrese de ello.

-Señor…- cualquier objeción que el oficial tuviera en su mente se quedo ahí, mientras veía al Gran Regente salir de la habitación.

-Si todavía quiere una explicación, oficial…- comenzó a decir el comerciante mientras se ponía de pie, al mismo tiempo que sobaba sus muñecas. -¿Le apetece escucharla mientras caminamos al hangar? No quisiera desairar a su regente. No luego de haber firmado tan excelente tratado con él.

*  *  *

-Ningún láser de alta energía necesita tres estaciones de monitoreo, no pueden esperar que todos crean esa estupidez- comenzó a explicar el comerciante mientras caminaban a los hangares. –Lo que sí hace es llamar la atención de todos. Especialmente de las Fuerzas Armadas, que han estado sobre ustedes desde entonces pues consideran el T.O.T. una amenaza para todo el sistema. Pero ustedes se los han quitado de encima alegando que el láser solamente tiene rango y efecto sobre Hayllu, ya que la rotación de Killa provoca que la misma cara de la luna, donde montaron el láser, siempre esté dando hacia el planeta.

“Es un excelente argumento, supongo que muchos se lo creyeron. Pero discúlpame, yo soy un poco más difícil de convencer. ¿Qué clase de sociedad civilizada construye de común acuerdo un arma que les apunta permanentemente a la cabeza? Sin duda yo quería saber qué se traían entre manos.

“Láser de Alta Energía Táctico Orbital Templado. ¿No es así el nombre completo de T.O.T.? Excepto que la última sigla no es por Templado. Es Transespacial, ¿cierto? El láser, es verdad, puede disparar a la superficie del planeta o a las naves que pretendan descender sin autorización. Pero si las tres antenas de sus estaciones de monitoreo se coordinan justo antes que el láser dispare, pueden trazar una ruta a través de las dimensiones del espacio, similar a la que usan las naves para viajar de un lugar a otro libremente, sin necesidad de una ruta wormhole.

Llegaron al hangar, donde la nave de Pharon estaba lista para partir y con la rampa de acceso desplegada para recibir a su piloto.

-En pocas palabras, construyeron un precioso cañón láser que es capaz de disparar a cualquier punto de la galaxia desde aquí.

-No… no es cierto… no…

-Es obvio que no lo sabías. Igual que la mayoría de los hayllunios que viven felices dejando que unas cuantas mentes se pongan de acuerdo para ejecutar un plan así. Como tu regente y los científicos que diseñaron el láser.

Pharon empezó a subir a su nave,  dejando al joven oficial al pie de la rampa, aún pasmado y con una pregunta en su mente:

-¿Cómo deshabilitó el láser?

-¡Muchacho! Estuve encerrado tres días. Tú te encargaste de eso, ¿lo olvidas? Pero, no sé… Alguien que, primero, preparara la descompostura de la nave y luego se haya infiltrado usando un traje de camuflaje inteligente, alcanzando el panel de control de la estación, pudo haber descargado un virus para inhabilitar el sistema transespacial del láser. Además pudo haber recabado evidencia suficiente para demostrar que su pequeño dispositivo de seguridad hogareña es realmente un arma de destrucción masiva, y pudo enviar dicha información desde el mismo panel de control a la base del Gremio de Comerciantes, donde algunas personas que trabajan conmigo se comunicaron con tu regente para llegar a un acuerdo para que dicha información no llegue a la opinión pública ni a las Fuerzas Armadas, quienes ante una amenaza de paz no dudarían en dejarse caer en Hayllu con todos sus cruceros de guerra. Por supuesto, todo a cambio de un tratado de libre comercio con todas las ciudades y colonias de tu sistema y la inhabilitación del sistema transespacial del T.O.T. Después de todo, en el Gremio nos interesa conservar como clientes a algunos de los sistemas con los que ustedes tienen conflictos y contra los que podrían disparar su juguetito. Así que si su precioso láser se disparará más allá de Hayllu, habrá consecuencias.

-¿Cuáles?

-Hijo, sólo soy un comerciante. Compro y vendo mercancía en toda la galaxia. Soy un pésimo tirador, un buen cocinero, pero no conozco de computadoras o programación de virus. Pero los que trabajan para el Gremio haciendo eso pueden ser muy maliciosos. Yo no los pondría a prueba, créeme. Eres un buen oficial, muchacho, lo reconozco. Así que mejor asegúrate que todos aquí cumplan nuestro acuerdo, ¿te parece? Buena suerte.


El oficial hayllunio no alcanzó a decir nada más ni a lanzar la pregunta que tenía dando vueltas en su cabeza porque, mientras la rampa de la nave se cerraba, alcanzo a ver sobre la ancha espalda del comerciante una sombra que parecía moverse por su cuenta. Como lo haría un brazo que se posa sobre los hombros de un amigo.

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