miércoles, 12 de febrero de 2014

Middle Age Freak; Mamá Geek



Mi madre veía Dragon Ball Z conmigo. Llegaba de trabajar y descansaba un poco antes de que empezara el capítulo nuevo en Canal 5. A veces ella me recordaba que ya era hora cuando a mí se me olvidaba. Entonces nos sentábamos en la sala y seguíamos atentamente el capitulo. Cuando terminaba nos sentábamos a cenar. Bajo esta rutina seguimos el inicio de la serie, la saga de Vegeta y la de Freezer, antes de que el canal empezara a repetir episodios y llegaran los famosos “cinco minutos de Freezer para destruir Namekusei”, que duraron más de diez episodios. Después ninguno de los dos quiso volver a saber algo de Dragon Ball Z.


La mayoría de los que tenemos alrededor de los 30 años afortunadamente contamos todavía con nuestras madres, para aconsejarnos, guiarnos y a veces exasperarnos cuando tratamos de enseñarles a usar la computadora. Eso sí, siempre sacándonos del apuro en que nos metemos cuando no seguimos sus recomendaciones. Pero es en esta transición, de los 30 a los 40 años, en que muchos nos detenemos a pensar en las experiencias que pasaron nuestras madres, o algunas mujeres ya están generando sus propias vivencias en la maternidad, comparándolas con las vivieron sus respectivas progenitoras.


Particularmente tiendo a pensar en todo lo que vivió mi madre antes de que yo naciera. La mayoría de nuestras madres nacieron durante la década de los 50 y algunas de estas, siendo niñas, vivieron el temblor de la Ciudad de México de 1957, que nos demostró como nuestra querida Victoria Alada en realidad no podía volar. Posteriormente, ya como madres jóvenes, revivieron esa sensación con el temblor de 1985, haciéndoles olvidar el anterior.

Ellas se vistieron con la moda de la época, que entonces causaba escándalo y ahora sólo llamamos “retro”. Escucharon a los Beatles y a los Rolling Stones en sus discos de acetato y luego en audio-cassete. También desarrollaron gusto por la música de José José y los duetos que realizaban Rocío Durcal y Juan Gabriel.


Nuestras madres vieron películas como Star Wars, Jesucristo Superestrella, Alien, La Masacre de Texas (mi mamá quedó muy impresionada con esta), Blade Runner y muchas otras, en cines como el Teresa, el Latino, el Alfa y el Omega, Hollywood, La Raza y varios más. Veían en la televisión Star Trek, Los Magníficos, Kojak, Buck Rogers, La Mujer Maravilla y Dimensión Desconocida, fuera la clásica o la versión de los años 80. Vieron como los carretes de película casera de 8 milímetros se transformaban en cintas Beta y posteriormente VHS.

Supieron a través de los medios de eventos como el asesinato de John F. Kennedy y el concierto de Woodstock. Vivieron en México y de manera ambivalente los movimientos estudiantiles del 68 y las olimpiadas del mismo año. Tomaron nuestras primeras fotografías con cámaras de 110 milímetros y después pasaron a 35mm.

Por muchas de estas razones no me gusta considerar a las madres como uno seres que deban ser veneradas o endiosadas sólo por ser madres. Mas bien creo que deben ser comprendidas como mujeres que ha recorrido caminos que nosotros empezamos a andar, motivadas por una fuerza emocional que aquellos que no tienen hijos no podrán entender, y que en ocasiones se vierte en nuestra contra en actos como el regalar nuestros juguetes o quemar nuestros comics sin preguntarnos, alegando que es por nuestro propio bien.

Y también quedaran en los recuerdos aquellos momentos en que, por un momento, aquella mujer que nos dio la vida deja de ser nuestra madre en el sentido convencional o solemne, y nos acompaña al cine a ver Thor o Scott Pilgrim, o que disfruta como adolescente jugando con nuestro Kinect.


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