lunes, 26 de agosto de 2013

Middle Age Freak; Estaban un inglés, un chileno y un mexicano…

 

Hace algunos meses, luego de una salida sabatina al antro, el domingo siguiente revisé mis mensajes al celular y así me enteré que un amigo, Marco, había intentado localizarme pues había estado tomando en una fiesta que terminó temprano y quería seguirle, pero no solo. Fueron varios mensajes los que envió a muchas personas, ya fuera a través de su celular o Facebook, pero nadie le había respondido. Al parecer todos estábamos ocupados en nuestras propias fiestas o salidas nocturnas.

Cuando me puse en contacto con él al día siguiente le pregunté cómo estaba y lo que había hecho esa noche de sábado. Con mucha satisfacción me dijo que se había emborrachado con gente de otros países, a través del Messenger.

Obviamente no me es ajena la naturaleza de la mensajería instantánea y su importancia en la comunicación actual. Lo que me sorprendió en este caso fue como un acto tan común se había manifestado a través de este gran poder de convocatoria: Marco había entrado a una sala de chat cualquiera en Messenger, anunciando que estaba emborrachándose y quería compañía. A esta petición respondieron varios mexicanos de distintos estados y gente de otros países, incluyendo un chileno y un inglés. En menos de diez minutos se habían habilitado las webcam, cada quien puso la música de su agrado, preparó sus tragos y la guarapeta vía chat se había armado.

Antes de escuchar esta anécdota en realidad no había comprendido las barreras superadas con la tecnología del chat, la mensajería instantánea y el streaming, que convirtieron el tiempo, el espacio y la distancia en términos relativos y marcaron su diferencia ante las transmisiones radiofónicas o televisivas en vivo. En primer lugar, la variedad de ángulos y puntos de vista en un evento público se multiplicaron enormemente, permitiéndonos ver al mismo tiempo la transmisión de un concierto en vivo por televisión o a través del video que Fulanito acababa de subir desde su celular a YouTube. 


También nos ha permitido conocer y magnificar esos episodios de la vida cotidiana, tan increíbles por si mismos, pero que mediante otros medios pasarían inadvertidos, como el caso de Declan Sullivan, quien mientras filmaba desde un elevador un entrenamiento de fútbol en la Universidad de Notre Dame, mando por Twitter mensajes sobre el peligro que estaba corriendo, antes de que el elevador se desplomara a causa de los fuertes ventarrones.

Las relaciones a larga distancia se antojan cada vez más soportables cuando puedes ver a tu pareja a través de un video chat y no sólo en la computadora de su habitación, sino en la calle donde vive, en el parque de la esquina, en su restaurante favorito o en donde sea, gracias a la conectividad de los variados dispositivos móviles. Sobra mencionar la importancia que esta tecnología ha tenido en el desarrollo del comercio, la asistencia técnica e incluso de la sexualidad entre adultos, gracias a las aplicaciones de chats en sitios especializados, o la facilidad que se tiene para formalizar contactos y amistades con personas de otros países mientras se les masacra a muerte en Halo.



Sin embargo y a pesar de estos avances tecnológicos, hay que reconocer que las barreras culturales siguen existiendo: En algún momento de la guarapeta mencionada antes, mi amigo Marco se quedó sin cerveza y les dijo a todos que le esperaran un momento mientras iba al Oxxo a reabastecerse. Le tomó diez minutos ir y al regresar la discusión en el chat había tomado otra dirección, mientras los mexicanos que estaban en línea intentaban explicarle al chileno y al inglés lo que era un Oxxo.
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