martes, 12 de febrero de 2013

Duro de Matar: Un Buen Día para Morir




Recientemente tuvimos el placer, cortesía de 20th Century Fox México, de asistir a la premier de Duro de Matar: Un Buen Día para Morir, quinta entrega de la franquicia Die Hard. Bruce Willis repite su icónico papel del detective John McClane en esta película, desarrollada en medio de un mortífero acto de corrupción y venganza política en Rusia.

McClane llega a Moscú para localizar a su alienado hijo, Jack (Jai Courtney), acusado de asesinato en dicho país. Para su sorpresa, Jack trabaja de manera encubierta para la CIA, con la misión de proteger a Komarov, un informante del gobierno. Así, con sus propias vidas en riesgo, los McClane se ven obligados a superar sus diferencias para salvaguardar a Komarov y frustrar un crimen potencialmente desastroso.

No exageramos, han pasado 25 años desde que la primera película de Duro de Matar se estrenó, poniendo en primer plano a un nuevo tipo de héroe cinematográfico, John McClane, cambiando para siempre el estilo de las películas de acción al presentar a un héroe con el que uno se puede sentir identificado. Un hombre ordinario que las circunstancias lo obligan a emprender una tarea extraordinaria, a diferencia de los protagonistas de las películas de acción de finales de los 80, convirtiéndose en uno de los personajes más populares del cine contemporáneo.

  

Hay que aplaudir también el trabajo del director Len Wiseman y el escritor Mark Bomback, quien en la película anterior de la franquicia (Die Hard 4.0) reactivó la afición por este personaje luego de doce años desde la producción de la tercera entrega (1995, cuando Willis aún tenía cabello). Wiseman y Bomback llevaron a la franquicia y al personaje a niveles insospechados con un guión ágil, personajes carismáticos y secuencias de acción inolvidables, cosas que se esperaban en esta quinta entrega.

Sin embargo, aunque es habitual que no se repitan elementos creativos en franquicias de películas de acción, el cambio de director (John Moore) y guionista (Skip Woods) afectó mucho el desarrollo de esta película, presentando, sin temor a exagerar, la peor de la serie. No hablamos de una mala entrega de Die Hard, en comparación con las anteriores. No, es una mala película sin concesiones. Un mal desarrollo de personajes, de escenarios, un pobre argumento, pletórico de lugares comunes, y mal uso de recursos de producción.


Los únicos elementos destacables en esta cinta es la actuación de Bruce Willis con un personaje que tiene más que dominado, y la música de Marco Beltrami, el único elemento creativo que repita su participación en esta serie. Descontando eso, la testosterona en esta película no alcanza los niveles esperados. Más de uno incluso se sentirá castrado.


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