miércoles, 21 de noviembre de 2012

Middle Age Freak: Comics, lea uno hoy



Publicado originalmente en Cultura Cómic (18 octubre 2010)
  
Yo compro mis comics en Sanborns por varias razones. En primera, siempre hay uno cerca, por lo que no tengo que desviarme mucho de la rutina. Segunda, después de las tiendas especializadas en comics, es aquí donde mejor conservan los ejemplares (al fondo de los estantes, pues arriba se maltratan como cualquier revista). Finalmente, Sanborns hace caso omiso de la fecha de salida que marcan las editoriales y pone los ejemplares a la venta tan pronto los reciben, a veces con días de anticipación.

La semana pasada que entré a un Sanborns sobre insurgentes, casi esquina con Félix Cuevas, vi algo que capturó mi atención: Una espantosa rejilla metálica donde se mostraban todos los comics de la tienda y que de inmediato me hizo recordar aquellos exhibidores de antaño, encabezados por un letrero que decía Comics, lea uno hoy, justo bajo la cabeza de varios personajes de los cuales sólo recuerdo ahora a Batman y Archie.


Dichos exhibidores eran prácticamente endémicos de las tiendas Sanborns. Estaban hechos en un metal muy frío y cubiertos con una pintura que tendía a despostillarse y pegarse en los comics. Con sus esquinas puntiagudas muchos descuidados se golpearon más de una vez. Tenían ocho rejillas en las que se buscaba hacer lucir los comics de la mejor manera posible.

Sin embargo, ya fuera porque los empleados acostumbraban llenarlos hasta que nada pudiera entrar o salir, o porque la gravedad hacía su trabajo  y los comics empezaban a doblarse lentamente hacia el frente, el resultado es que los comics siempre estaban en mal estado; doblados, con las esquinas maltratadas, páginas rotas, toda una serie de características que convertían el mint condition en un término relativo.

Pero hay que reconocer que estos grotescos exhibidores formaron parte de nuestra cultura freaky. Estas rejillas existen desde que tengo conciencia y mucho antes que las modernas tiendas de comics. Muchos tuvieron en Sanborns su primer acercamiento a los comics originales y desde entonces, al igual que ahora, uno podía leerlos el tiempo que quisiera para finalmente regresarlos al anaquel si no podía adquirirlo, volver al mes siguiente y, con un poco de suerte, seguir con la historia que se quedó tan emociónate en el número anterior.

Aquí supimos que la tipografía de los comics estaba vinculada estrechamente con mismo arte del dibujante, presentada con un estilo manual que se diferenciaba mucho de lo que nos presentaba La Prensa, MacDivision, Novaro y Novedades, además de estar en un idioma que a mis tiernos cinco años estaba muy lejos de conocer.

Los comics no siempre y no sólo se vendieron en tiendas especializadas o puestos de periódicos. En Estados Unidos su mayor nicho de exhibición eran las farmacias y fuentes de sodas, antes que surgieran las primeras tiendas. Nuestro caso no es muy diferente, con comics dentro de una gran cadena de tiendas (que originalmente empezaron como farmacias).

Gustavo Martínez también compraba sus comics en Sanborns, junto con Carlos Tron. Y fue precisamente por sus deseos de conseguir comics que no estuvieran tan maltratados que se decidieron a fundar Comics S.A., la primera tienda de comics en la Ciudad de México y que abrió las puertas para muchas otras.

Aunque también es cierto que en los tiempos de nuestros padres, los comics que compraban en farmacias y Sanborns tenían una esencia poco común. Un aire de carácter popular, leche malteada, goma de mascar y aroma de papel nuevo. Para muchos esta fue una era que se ha perdido con el tiempo. Sin embargo pienso que actualmente muchos regresan a Sanborns para buscar, hojear y comprar su comics favorito para luego pasar al restaurante y leerlo en compañía de una taza de café.

Bien se dice que las cosas tienden a regresar a su origen

Sólo esperemos que no vuelvan esos horrendos revisteros.
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