miércoles, 28 de septiembre de 2016

Middle Age Freak: “Yo Hablaba de Incesto”


Fue un chiste simpático que encontré en la red: Un hombre y una mujer discuten sobre como al primero le disgusta algunas conductas sexuales que considera raras y antinaturales, mientras que la chica discute sus opiniones con excelentes argumentos a favor del amor consumado entre dos personas que se aman. Finalmente, con todos sus puntos de vista hábilmente rebatidos, el hombre acepta replantearse sus ideas. Y la chica le asegura que, con el tiempo, él podrá ser más receptivo acerca de la homosexualidad.

“¿Homosexualidad..?” pregunta el hombre. “¡Yo hablaba de incesto!”

Simpático, realmente.



Recuerdo mucho un episodio de South Park, donde cuando Kyle, tratando de evitar que el jefe de la cadena Fox censure un episodio de Family Guy, le advierte que, a riesgo de las opiniones adversas y posibles consecuencias, todo puede y debe ser susceptible del humor y la comedia. “O todo es divertido, o nada lo es”, creo que le dice, y esa es una postura que la que he creído fervientemente desde  entonces.

Realmente nos hemos divertido mucho estos días, con las actividades del Frente Nacional Por la Familia, sus convocatorias y llamadas a la acción en las redes sociales y las respuestas satíricas generadas por la mayoría de la población hacia un movimiento social que llegó demasiado tarde. Y si bien esta contraofensiva llegó igualmente retrasada, no por eso fue menos fuerte y contundente, especialmente tratándose de ridiculizar y burlarse de cada publicación o acción tomada por esta agrupación.

Pero, ¿marchar por ello? Honestamente no soy partidario de tomar bandos y marchar exigiendo que las voces sean escuchadas o de manifestar opiniones en actos que me parecen de una naturaleza más impositiva que de apertura al diálogo, el cual, cuando llega a darse en estas situaciones, parece más una confusión de argumentos. Como dos personas hablando de temas diferentes; una de homosexualidad, otra de incesto, por ejemplo.

Pero el humor. La comedia, hábilmente ejecutada, abre nuevos caminos al colocarnos en igualdad de circunstancias. Cuando la gente ríe, no hay posturas correctas o equivocadas, propias e impropias, tragedias ni bendiciones. No hay buenas costumbres ni malos hábitos. No hay acierto ni error.


Tal vez, si en lugar de marchar o manifestarse tomáramos el humor como punto de partida, un verdadero diálogo se manifestaría en una sociedad dominada por el miedo a la represión -física o verbal-, al cambio a una sociedad más evolucionada o la reversión a sus costumbres más arcaicas.

Porque, parafraseando a Umberto Eco; si podemos reírnos de todas las cosas, si la risa mata el miedo y considerando que sin el miedo no hay lugar para Dios, ¿podríamos reírnos de Dios? ¿Qué clase de caos se desembocaría? Bueno, realmente no creo que resulte peor al caos en que vivimos ahora, con el crimen a la alza, el salario a la baja, el dólar a veinte pesos y una nueva película de Transformers próxima a estrenarse.



Disculpen que me ría.




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