lunes, 21 de abril de 2014

Los Otros 52, 36a Semana. "Crónicas De Dai Grepher. Capítulo Cero".

Un Pirata

CRÓNICAS DE DAI GREPHER. CAPÍTULO CERO
Ángel Zuare
-Desde que tengo memoria, siempre quise ser un pirata.

En medio de la penumbra de la habitación, el enorme grephereano buscó donde sentarse. Lo hizo lentamente sobre una silla de plástico que crujió bajo el peso de su cuerpo y de la armadura de combate que usaba para cubrir su torso y brazos, formada con pedazos y placas de diferentes armaduras, ensambladas toscamente.

-Siempre me pareció lo correcto, ¿sabes?- prosiguió. -Si quieres algo, ve y tómalo. Si es muy grande, busca quien te ayude. Si alguien se atraviesa en tu camino…- con un rápido movimiento el grephereano desenvainó la espada energizada que colgaba en su cintura y lanzó una estocada hacia un enemigo invisible. –… lo atraviesas con tu espada o lo revientas con disparos de plasma o láser… Lo que más te divierta.

Su sonrisa se extendió a lo largo de todo su hocico y luego lanzó una risa estrepitosa a través de sus afilados dientes caninos. Pero de inmediato volvió a su expresión meditativa y volvió a enfundar la espada. - No digo que fuera bueno, sino que parecía lo correcto. Al menos para mí- giró su cabeza lobuna para dirigirse a la otra persona dentro de esa habitación. -¿Te parece sensato?


-La verdad, no- el muchacho hizo a un lado la escoba con la que había estado barriendo y se sentó en otra silla, junto a la mesa donde había dejado un vaso de cartón que lucía el logotipo de Starbucks en un costado.

-¿Acaso estoy muerto?- preguntó el grephereano, lanzando una mirada a su alrededor. –No recuerdo leyenda o historia que hablara de un más allá tan común y…- se interrumpió para olfatear el aire –… con un olor tan extraño.

-Es el cloro y el Pinol. Aún no acabo de limpiar- señaló el muchacho, dando un sorbo profundo al contenido de su vaso. -¿Puedo preguntarle su nombre?

El grephereano alzó la cabeza e hinchó el pecho con orgullo mientras hablaba: -Drocker Dai Grepher, capitán del Nébula Púrpura. El más peligroso pirata que haya asolado las regiones más remotas de la Galaxia Unificada. Sin duda habrás escuchado de mí.

-En mi vida- comentó el muchacho. Las orejas canicas de Drocker (y posiblemente su orgullo también) se agacharon al escuchar eso. –¿Qué es lo último que recuerda, capitán?- preguntó el chico, a sabiendas de que era mejor dirigirse a ellos con el cargo bajo el cual se presentaban.

-Estábamos asaltando un crucero de carga haciéndonos pasar por una nave en situación de emergencia. Se acercaron lo suficiente para acoplarnos a sus esclusas y poder abordarlos. ¡Por la Santa Madre, estábamos desatados! ¡Íbamos abriéndonos paso hacia el puente, en medio de gritos, disparos y golpes de espada! De repente un último grupo de resistencia salió a nuestro encuentro. Sin duda eran mercenarios, ninguno tenía el uniforme del resto de la tripulación. Eran tres hombres y una chica.

La partida de Gabriel, pensó el muchacho, dando otro sorbo silencioso.

-¡Vaya mujer! - prosiguió el pirata. Me encaró directamente, blandiendo una espada energizada muy inferior a la mía. Me reí a carcajadas hasta que lanzó sus primeros ataques. Se movía muy hábilmente. Me hirió en unas ocasiones y yo otras tantas. Estábamos muy parejos. Yo no le prestaba atención al resto del combate, pero me pareció sentir que mis camaradas estaban cayendo, uno a la vez, a manos de estos mercenarios. Creo que al final sólo ella y yo seguíamos peleando. Ya estaba muy mal herida, lo recuerdo, y estuve a punto de acabar con ella cuando… No entiendo qué pasó. Se movió a una velocidad increíble y… Su espada…

Drocker bajó la mirada hacia su abdomen donde, sobre la placa de su armadura, destacaba una grieta con el grosor y ancho propio de la hoja de una espada. La tirada crítica de Ramiro, pensó el muchacho. Cuando el dado cayó en veinte todos se levantaron de la mesa, vitoreándolo.

El pirata tocó la grieta con sus garras oscuras, para asegurarse que fuera real. Luego apretó los puños y sus dientes rechinaron con un rugido ahogado, que finalmente, explotó:

-¡¡¿Qué clase de  infierno es este?!! ¡¡Voto por los mil demonios de Trakor que no voy a terminar de esta manera!! ¡¡Que me maldigan mil veces, no voy a aceptarlo!! ¡¡No lo acepto, ¿me oyen?!! ¡¡NO LO ACEPTO!!

Mientras gritaba se puso de pie y descargó golpes sobre la mesa y la pared, lanzando sus maldiciones al techó. Derribó algunos estantes con libros, cajas y exhibidores. El muchacho sólo se levantó para interponerse entre el grephereano y el mostrador (lo único que no podría limpiar si lo rompía). Esperó entonces, como había aprendido a hacerlo antes, a que el pirata se calmara. Drocker Dai Grepher, capitán del Nébula Púrpura y el más peligroso pirata que haya asolado las regiones más remotas de la Galaxia Unificada, permaneció de pie, respirando pesadamente y susurrando en voz baja:

-No lo acepto.

Y como en otras ocasiones, el muchacho procedió a levantar los estantes derribados y a acomodar la mercancía que había caído al suelo. La penumbra dentro de la habitación a veces era interrumpida por las luces de los automóviles que circulaban sobre la avenida a esa hora de la noche, frente a los aparadores y la entrada a la tienda. En un momento, la gruesa garra del pirata lo ayudó a levantar un anaquel particularmente pesado.

-¿Qué hay de mis hombres?- le preguntó. El muchacho sólo se encogió de hombros y Drocker suspiró. Continuó ayudándole a levantar cosas, tal vez más para mantenerse distraído que por un sincero deseo de ayudarle. –Son la partida de facinerosos más sanguinaria y valiente que tuve la fortuna de comandar. Me seguirían hasta el más profundo de los pozos infernales si se los ordeno. Imagínalo. Seguirme a mí, a un descastado grephereano.

-¿Su nombre es igual que el de su raza?-preguntó el muchacho?

-Se dice que mi familia fue las primeras en gobernar Grepheria, hace más de siete eras.

Finalmente la tienda quedó medianamente arreglada. El muchacho retomó la escoba y barrió bajo las mesas que usaban los jugadores todos los días, mientras Drocker revisaba los objetos en el mostrador y en los exhibidores: Figuras en miniatura de monstruos y dragones, libros en lenguajes desconocidos sobre mundos gobernados por luz, oscuridad o algún congreso galáctico, extraños poliedros de plástico con números grabados en todas sus superficies, mazos de cartas con extrañas leyendas sobre pago, maná o puntos de vida impresos en cada una, laberintos trazados en cartón o papel y modelos a escala de naves espaciales, montados cuidadosamente en pedestales.

-¿Qué clase de lugar es este?-preguntó el grephereano.

-Es un nodo- respondió el muchacho, con la misma respuesta que ya había ensayado y dado en otras ocasiones. –O un purgatorio, como guste llamarlo. Un punto por el cual muchos atraviesan, a la hora de trascender. Para que asimilen su situación.

-No tengo nada que asimilar. No lo acepto, ya lo he dicho. ¿Cómo puedo regresar con mi gente?

Al jalar la escoba desde la parte más recóndita bajo la mesa, finalmente el muchacho encontró lo que esperaba. Se inclinó para recoger una ficha de cartón, con la imagen de la cabeza del pirta dibujada torpemente en ella. La misma ficha que Gabriel, furioso, arrojó a un lado cuando la tirada crítica de Ramiro acabó con todos los puntos de vida del pirata.

-¿Me escuchaste?- demandó saber Drocker. -¿Cómo puedo regresar?

-Realmente no va a aceptarlo, ¿cierto?- preguntó el muchacho, sosteniendo la ficha entre sus dedos, sin dejar que el grephereano la viera directamente.

-Nunca. Si apresaron a mis hombres, volveré por ellos. Nunca abandono a los que pelean conmigo. ¿Cómo puedo regresar? No lo preguntaré de nuevo.

Igual como lo había hecho en otras ocasiones, el muchacho señaló la puerta que daba hacia la avenida, diciendo: –Por ahí.

Sin dudarlo el grephereano se dirigió a la entrada y posó su mano sobre el pomo de la puerta, pero se detuvo antes de abrirla y dio vuelta para dirigirse hacia el mostrador. Luego desprendió una de las joyas que adornaban el mango de su espada y la dejó sobre el cristal del mostrador. –Por todos los objetos que veo aquí, supongo que todos los que atraviesan este nodo, como le llamas, dejan alguna clase de prenda. He aquí la mía. Agradezco tu ayuda.

-Realmente no es nece…

El grephereano no espero a que acabara y salió rápidamente por la puerta. En ese momento el camión de las diez treinta pasó frente a la tienda, perfilando con sus luces altas la silueta del pirata y cegando al muchacho un momento. Cuando pudo abrir los ojos de nuevo, Drocker Dai Grepher, corsario espacial y capitán del Nébula Púrpura, había desaparecido, dejando solamente una gema roja sobre el mostrador.

El muchacho se acercó, guardo la joya (que a ojos de cualquiera podría parecer una cuenta de plástico rojo) en su bolsillo y luego buscó en su mochila hasta encontrar un cuaderno, viejo y gastado por el uso. Pasó entre las notas que tomo sobre Harrison Bowen, caballero de la orden del sol; las de García, ente inmortal con más de trescientos años de edad; los detalles que apuntó acerca de Sogen, un agente especial renegado, y sobre Azevrec Houndmight, un guardabosques semi-orco. Finalmente encontró una página en blanco y comenzó a escribir:

Esta es la historia de Drocker Dai Grepher, capitán del Nébula Púrpura. El más peligroso pirata que haya asolado las regiones más remotas de la Galaxia Unificada. Con su tripulación, la más sanguinaria y valiente que ha existido, asaltaron, pillaron y se convirtieron en los corsarios más temidos por cualquiera. Drocker Dai Grepher, quien encaró la muerte en más de una ocasión solamente para burlarse de ella cada vez.

Drocker Dai Grepher, quien regresaría a su planeta natal para convertirse en rey. 

Su teléfono celular empezó a sonar. El muchacho vio de cuáles de sus amigos se trataba e ignoró la llamada, mientras seguía escribiendo. Después de todo ya se sabía la conversación:

¿Vas a llegar tarde, por qué?... ¿De nuevo?... ¿Qué fue ahora?... ¿Y vas a quedarte ahí toda la noche, otra vez?... Oye, en serio, ¿no se te ha ocurrido pensar que, tal vez, estás imaginando todo?... En serio, trabajas ahí todo el día, escuchando a esos nerds y sus pláticas de dragones, juegos de guerra, cartas, hadas, elfos, hechiceros, naves espaciales y monstruos... ¿No crees que está afectándote?.. Sólo estás imaginándolos cada vez que eso ocurre... ¡No son reales!... ¿Lo has pensado siquiera?

-No lo acepto- susurró, imitando lo mejor que pudo la voz gutural del pirata. El teléfono resonaba mientras él seguía escribiendo:


Desde que tengo memoria, siempre quise ser un pirata…

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