viernes, 16 de junio de 2017

Middle Age Freak: El Batman que no recuerdo.



Bueno, se murió Adam West. No los atosigaré con comentarios banales ensalzándolo como el mejor Batman de su generación, que fue el primero para muchos, el que otros tantos negaron como Pedro a Jesús, y mucho más de tres ocasiones, y al que finalmente aceptamos como parte indeleble de un ícono popular. Y esto es porque, realmente, no recuerdo cuándo fue que el Batman de West entró en mi vida. Debió haber sido durante alguna repetición de la serie por parte del Canal Cinco, tal vez algún sábado por la mañana o de un día entre semana, aunque sí recuerdo haber visto la famosa película una tarde de Permanencia Voluntaria del Canal Cuatro.




¿El primer episodio que vi? Honestamente no lo recuerdo. Y es que realmente, para muchos como yo, el Batman de West fue un gusto adquirido con los años, cuando nuestro interés por la cultura pop madura y reconoces a esta serie como un punto intermedio entre dos generaciones de entretenimiento, pasando del formato serio y tradicional del blanco y negro en emisiones de una hora a un colorido show pop de treinta minutos; o cuando John Astin, Burgess Meredith y Vincent Price dejan de perturbar a su público con sus actuaciones más emblemáticas para convertirse en el Acertijo, el Pingüino y Cascarón respectivamente, enemigos acérrimos del encapotado y sin dejar de ser menos dignos y titulares por eso. En este aspecto el Batman de los años 60 puede ser considerado un triunfo de la esperanza sobre la experiencia, con una producción ignorante de los comics originales pero deseando marcar una estilo propio, una fórmula probada y definida, una sitcom moralista y panfletaria de buenas costumbres, solo que sin las risas grabadas.


Cómo no disfrutar algo así, especialmente años después, cuando el propio West toma estos mismos elementos que le hicieron trascender y los convierte en una sátira de sí mismo, principalmente con su trabajo como actor de doblaje en series como Los Padrinos Mágicos, Family Guy, Futurama y Bob Esponja, e incluso en la ya legendaria serie animada de Batman de los años 90, donde, en un tono más serio como actor, interpretó al Fantasma Gris, un actor caído en el olvido y esperando una nueva oportunidad, que llega en la forma del mismo rol que lo vio nacer y le otorgó el éxito, haciendo las paces con aquel olvido y encasillamiento del que fue víctima y aceptando con gracia lo que venga después.


Tal vez eso sea lo que yo recuerde más de Adam West. No a su Batman incapaz de cruzar la calle si no lo hace en las esquinas, sino a su Alcalde West, a Catman, al Fantasma Gris y en general al propio Adam West, el que me firmó una revista en su única visita a la Conque, el que trabajó activamente hasta los últimos meses de su vida, el que se divirtió en el viaje y el que defendió con encanto su espacio en la historia de Batman… Pero que no tiene idea de quien es Ben Affleck.

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