Escribo la columna de esta semana luego de varios borradores infructuosos, tachados y malogrados, dándome cuenta ahora de una gran verdad que bien conocen todos los artistas del escenario: No hay público (o en este caso tema) más difícil de tratar que los niños.
¿Pero
qué es lo complicado sobre escribir algo pensando en los niños que fuimos hace
poco más de 20 años? No es difícil añorar la época; los amigos con quienes la
compartimos, los juguetes que nos divertían, la comida chatarra que
devorábamos, los programas de televisión que vimos u otras cosas. Podemos
recordar muy bien esos datos y compartirlos en una charla de sobremesa o una
guarapeta de fin de semana.
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