lunes, 3 de diciembre de 2012

Middle Age Freak; Llegaron Los Reyes



Publicado originalmente en Reino Geek (10 enero 2011)
 
De todos los regalos que he recibido en Navidad y Día de Reyes, hay tres juguetes que tengo muy presentes en la memoria: Mi muñeco de Jabba the Hutt, con trono y Salacius Crum incluido; mi vehículo AT-ST, también de El Regreso del Jedi (era el año de su estreno en México) y mi juego Laberinto, de Ensueño, una plataforma circular sobre la que se tenía que hacer rodar un balín mediante una palanca, esquivando varios agujeros que había en el camino. Todos estos juguetes los recibí el mismo año (aún conservo el Jabba y el AT-ST) y recuerdo haber disfrutado con ellos durante todo el día, junto a los vecinos del edificio donde vivía.


Cada año, el cinco de enero, podemos confirmar la fuerza que todavía tiene esta tradición en México y en general en todos los países de habla hispana, incluso por encima de la Navidad y el Año Nuevo. Y es que en Navidad regalamos bajo el amparo de un tercero, un elemento ficticio al cual hacemos moralmente responsable de las consecuencias que traiga el regalo.

Pero en la noche del cinco de enero los padres con gusto se ponen el manto de los Reyes Magos e inician una cruzada que parece estar impresa en su subconsciente hispano, iniciando con un subterfugio para sacarle a sus hijos la información de los juguetes que desean, haciéndoles escribir una carta o llevándolos a los almacenes bajo la excusa de abastecer la despensa, tomando notas mentales de los objetos que capturan la atención de sus niños para finalmente, más tarde esa misma noche, emprender la segunda mitad de la travesía.

Cientos de parejas se lanzan a la calle, algunas a los almacenes comerciales y la mayoría a las calles donde los comerciantes ya se han instalado. Lagunilla y Tepito se convierten en un hervidero insólito de gente, dejándose escuchar los gritos de propaganda de los vendedores y los regateos de los clientes que buscan amortiguar sus gastos.

Cada cinco de enero salgo a la Alameda o a alguna otra zona que haya sido absorbida por esta fiesta popular para empaparme de una tensión que considero más sana de la que se vive en Navidad o Año Nuevo, considerando que a la mañana siguiente, a diferencia de lo que sucede en Navidad con Santa Claus, los padres aceptarán en silencio las gracias que sus niños ofrendarán a los Reyes Magos.

En estos paseos también me gusta absorber los aromas de la comida, las fritangas, hot cakes y los plátanos fritos, mezclados con el olor de la grasa de los juegos mecánicos, el plástico de los juguetes, los globos y el papel fotográfico de la instantánea que la familia se tomó con los Reyes, luego de horas de espera.

Es de rigor mencionar que los nuevos juguetes tecnológicos, gadgets o con carácter de lujo se han apoderado del gusto de los infantes; consolas de videojuegos, reproductores de música, muñecas u otros juguetes de edición especial, etc. No pretendo ponerme nostálgico sobre los juguetes de madera, el yoyo o la falta de imaginación. Después de todo, cuando éramos niños,  siempre hemos añorado los juguetes de nuestro tiempo. Luego, al volvernos adultos y ponernos el manto de los Reyes Magos, extrañamos aquellos juguetes que nos dieron tanto placer y que ahora ya no podremos tener.

Podríamos llamar a esto el Síndrome Rosebud.
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