Los complejos multi-salas, abominación absoluta de una
distinguida tradición de entretenimiento y cultura. Pues, ¿qué puede ser peor
que el afán capitalista de amontonar a la misma cantidad de público que quiere
ver una película en un espacio reducido a la mitad, pobremente decorado y de
asientos incómodos? Y por parte del público, ¿acaso existe algo más
irresponsable que presentarse en un cine sin saber qué película va a ver,
esperando escoger el menor de los males entre dos, tres o hasta cinco opciones?
¿Dónde queda la tradición de escoger la película, horario y el cine en la
cartelera de los periódicos con uno o dos días de antelación? ¿El salir del
trabajo o de la casa en pareja, con la familia o solo, arreglándose y vistiendo
la mejor ropa de la tarde para llegar al cine y conversar con algunos conocidos
en el lobby, comprar algo en la dulcería y finalmente ingresar al auditorio o
subir a la galería para ocupar nuestro asiento? ¿Acaso nuestra pobre capacidad
de elección y ritmo acelerado de la vida cotidiana nos obliga a buscar opciones
para facilitar nuestra comodidad y entretenimiento? Abominable, les digo. Abominable.

