Realmente yo no recuerdo haber sentido pánico o angustia ante el inminente regreso a la escuela, tras acabar las vacaciones. Lo que sí recuerdo era la algarabía con la compra de los útiles escolares, aunque eso casi siempre fue después de haber regresado a las aulas. También recuerdo el fastidio que significaba volver a levantarse temprano por las mañanas, luego de semanas de desvelos y de haber dormido a nuestro antojo. Igualmente, como a muchos, también pasé por la presión de intentar cumplir semanas de tareas pendientes en el último fin de semana de las vacaciones.
De nuevo aclaro, realmente no recuerdo haberme angustiado
conforme el último domingo iba consumiéndose, dando paso al primer lunes de
clases y de vuelta a nuestra vida cotidiana de jóvenes estudiantes. Sin
embargo, cuando se trataba de volver a la escuela, una imagen siempre aparecía en
mi mente: Mafalda.
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