Durante gran parte de mi niñez y pre-adolescencia, el Cine Hipódromo Condesa, construido en
la base y corazón del Edificio Ermita, en la colonia Tacubaya, no sólo fue una
sala de cine más en la ciudad. Fue mi cine favorito en toda la ciudad. Ahí me llevaba
mi madre al menos una vez por semana, para ver, mayormente, películas
infantiles o reestrenos de animaciones de Walt
Disney. Al ir creciendo se convirtió en el cine al que me escapaba las
tardes de los miércoles para ver otro tipo de películas y, de ser posible,
disfrutar de la Permanencia Voluntaria, concepto que se ha ido perdiendo con
los años, junto con el intermedio, las butacas de galería y el chocolate Toblerone.

